Gipuzkoa:
Navarra:
" La aislada localización del "Cementerio de Añorbe" y su ampliación realizada por MRM arquitectos con la colaboración con el ayuntamiento; posada sobre una escarpada ladera, define una serie de criterios arquitectonicos de gran escala basados en la relación entre: el contexto y las discontinuidades formo/funcionales, y la morfología urbana del pueblo.
El programa se materializa con una formalización de dos recintos mediante la reinterpretación de muros que se extienden a partir de divisiones existentes: llegando a ser los verdaderos escultores del contorno al que simultaneamente se adaptan y retienen con unos movimientos fluidos de concavidad y convexidad que incorporan el cielo, las vistas y el paisaje mediante una estructura cohesiva.
Los muretes de contención, redefinen los límites con una transparencia parcial generada intrinsecamente por las propiedades del material utilizado, bloques de hormigón prefabricado, que dependeinedo del ángulo de visión pueen ofrecer una conexión visual directa con varias de las partes de la localización o aparecer como una sólida masa separando completamente ambos espacios.
Cada bloque transparente contiene su propio vacio conteniendo la lanta con una membrana permeable que redefine el solar original y permite a cada componente exhibir el pasaje del tiempo a través de sus propias orientaciones y localizaciones,La naturaleza, el viento y la luz son libres para atravesar los límites convirtiendo a la envolvente en una mero gesto natural frente a una posible y despótica alineación, de tal manera que el visitante puede verse totalmente consumido por la serenidad ambiental a la vez que se resuleven satisfactoriamente las necesidades prácticas de una construcción con funcionalidad arquitectónica."
En una finca de 110 hectáreas de Madrid está una de las piezas clave de la arquitectura e ingeniería del siglo XX, el Hipódromo de la Zarzuela. Pero muy pocos ciudadanos lo saben. O por lo menos eso cree el arquitecto Jerónimo Junquera, cuyo estudio ganó el concurso en 2004 para su rehabilitacion y que ahora ha sido galardonado con el primer Premio 2012 del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM). “Esta mañana había muchos japoneses visitándolo, unos 50; todos los años vienen también de la Politécnica de Milán, de Ámsterdam..., pero españoles pocos”, dice para apuntalar su teoría y poner en su justo valor esta gran obra de los arquitectos Carlos Arniches, Martín Domínguez y el ingeniero Eduardo Torroja.
Los dos primeros obstáculos que tuvo que afrontar el estudio Junquera fueron que el edificio cuenta con la máxima protección (BIC), y cómo adecuar un edificio del primer tercio del siglo XX al XXI sin perder las esencias. Experiencia no les faltaba. Es el mismo estudio que rehabilitó la Biblioteca Nacional y, como cuenta Junquera, “en ese caso fue pasar de una época sin luz ni calefacción a llevarlo al siglo de Internet”.
Pero lo más insólito estaba por llegar. El hipódromo que se encontraron nadie sabe a ciencia cierta si fue exactamente el edificio que proyectaron los autores. Ese lapsus remite a la Guerra Civil, cuyo recuerdo ha permanecido hasta hoy, y se han encontrado balas en las cubiertas y obuses en el subsuelo. En 1934 los tres autores ganan el concurso para construir el hipódromo. Cuando a los dos años estalla la contienda, las estructuras de hormigón del ingeniero Torroja estaban prácticamente acabadas y, por si había alguna duda, han quedado los planos del ingeniero. Sin embargo, en 1939, al finalizar la guerra, los arquitectos Arniches y Domínguez son depurados y se van al exilio. Y para colmo desaparecen la documentación y los planos de arquitectura, “el envolvente”, precisa Junquera, que quedaba pendiente.
Los militares acabaron el edificio rápidamente para que las carreras empezaran cuanto antes. “Y siguieron unos planos que se parecen a los que se encontraron del concurso, pero con muchos elementos de dudosa fidelidad y que los autores no pudieron hacer”, apunta el arquitecto. Así que, además de la rehabilitación técnica pura y dura, y muy compleja, quedaban dos aspectos centrales: uno, “sacar la goma de borrar y quitarle muchas adherencias, haciendo una limpieza lo más aséptica posible”; y dos, recuperar su esquema funcional (“la esencia del hipódromo”), del que este edificio es ejemplo: “El caballo por un lado y el espectador por otro, donde el caballo nunca se cruza con el espectador, pero este siempre tiene que ver al caballo”, observa Junquera. Por eso es uno de los hipódromos “que mejor funcionan del mundo”. Hasta el punto, continúa, de que Dominique Perrault, el arquitecto seleccionado para remodelar el hipódromo de Longchamp, en París, ha calcado el esquema de la Zarzuela.
La fidelidad a las esencias les llevó a buscar artesanos que construyeran como en los años treinta. Y los encontraron en Murcia, en los nietos que hicieron los pavimentos y que han mantenido la tradición. Y para recuperar la carpintería de acero (“como se hacía antes y debería ser ahora”) recurrieron a una industria italiana superexquisita. La remodelación, que está sin acabar y sin plazos por falta de presupuesto, ha afectado a las tres tribunas (central, norte y sur) y al restaurante, aún sin terminar. El arquitecto no quiere entrar en la polémica que rodeó a este elemento por carecer de licencia. “En eso, ni entro ni salgo”. Lo que quiere es celebrar esta Semana de la Arquitectura que le ha llegado con el premio y cuya entrega es el próximo jueves, a las 19.00, en la sede del COAM.
Florencia reabre la Puerta del Paraíso
El fin de los 27 años de restauración de la obra de Ghiberti, cumbre del Renacimiento, ejemplifica la agónica lucha de Italia por preservar su patrimonio
"Ya son más de las seis de la tarde, pero al vigilante que se apresta a salir de la caseta al encuentro de la extraña le rezuma el sudor por las patillas: “Aquí solo estoy yo; las obras están paradas”, informa solícito. “No hay nada que ver”. A su espalda se levantan las Cuatro Torres, moles de casi 250 metros de altura que jalonan la entrada norte a la capital por la Castellana. Entre ellas y la tórrida garita del vigilante, un agujero de tamaño colosal: 33.000 metros cuadrados destinados al futuro Centro Internacional de Convenciones en los que, como mucho, se adivinan unos cimientos de hormigón...."
"La Cidade da Cultura es la construcción en obras más grande de Santiago y posiblemente la única que no cuenta con un jubilado haciendo de capataz. El complejo que parecía que le iba a disputar el interés turístico a la Catedral se asemeja a un desierto este mes de agosto. Los obreros tienen que conformarse con la compañía de los motores que de cuando en vez resuenan por la Avenida Manuel Fraga. El camino que conecta al Gaiás con la civilización es para muchos el mejor homenaje al mecenas de la obra de arte esculpida por el arquitecto Peter Eisenman..."
"Parece que la funcionalidad y la arquitectura del valencia Santiago Calatrava no se llevan del todo bien. El Ayuntamiento de Murcia ha tenido que instalar un felpudo de 60.000 euros para prevenir los resbalones en una pasarela diseñada por el arquitecto, informa Levante-emv.com...."
“Un cuervo que fallecía sediento vio una jarra y esperando encontrar en ella agua...”, empieza una de las muchas fábulas que Esopo, por alguna razón, dedicó a esos pájaros de mal agüero. La jarra del relato tenía agua, en efecto, pero en tan exigua cantidad que el pobre grajo no se vio capaz de alcanzarla con el pico. Al poco diose cuenta el ave, sin embargo, de la solución y sin más que arrojar unas cuantas piedras al cicatero recipiente vio subir el líquido hasta ponerlo a su alcance y saciar así su sed. Esopo quiso ilustrar así lo mucho que las crisis aguzan el ingenio, una moraleja tal vez refutada por nuestra historia reciente.Una mejor moraleja habría sido seguramente la de resaltar lo mucho que la inteligencia de los cuervos se parece a la de los cachorros de Homo sapiens. Nicola Clayton y sus colegas del departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Cambridge acaban de demostrar (PLoS ONE, 25 de julio) que los cuervos y los niños menores de ocho años resuelven el dilema de Esopo con idéntica eficacia: al quinto intento. Es justo añadir, en descargo de nuestra especie, que a partir de los ocho años los niños les dan cinco vueltas a los grajos y resuelven el problema al primer intento. Son las ventajas de haber evolucionado más para tener un cerebro más grande.Con respecto a los cuervos, en realidad, Esopo se quedó corto. Estos pájaros no resuelven el problema por mero ensayo y error, ya que utilizan la técnica de las piedras cuando se trata de extraer un gusano de una jarra con agua, en efecto, pero no de un recipiente con serrín. Parecen saber de algún modo que el truco no funcionará en el segundo caso y ni se molestan en probarlo, o al menos no con mucho ahínco. Además, cuando se les da a elegir entre piedras grandes o pequeñas, escogen las grandes, posiblemente para ahorrar tiempo. También suelen preferir tirar piedras que bloques de poliestireno, que como es sabido flotan en el agua y no sirven de gran cosa. El poliestireno no existía en tiempos de Esopo, ni en las épocas en que evolucionaron los cuervos, de modo que estas habilidades parecen realmente cognitivas, y no meros instintos.Pese a que los cuervos y los niños pequeños muestran una eficacia similar en la resolución del problema, su forma de aprender parece distinta. Cuando los psicólogos manipulan el experimento para que, aparentemente, ocurra algo imposible en el mundo real, los cuervos no son capaces de utilizar ese resultado para incorporarlo en ensayos posteriores. Parecen más bien tener incorporada una 'comprensión' instintiva de las leyes de la física, y lo que no cuadra con ellas no les sirve para incrementar su pericia. Los niños, en cambio, utilizan una estrategia más práctica: lo que funciona, funciona. A veces, parece pensar nuestra especie, no es necesario comprender el mundo para utilizarlo a favor de uno. O en contra de los demás.
«No guardo nada».
Se decidió por un piso de 25 metros cuadrados porque se percató de que su "capacidad de ahorro es inferior al aumento del precio de los pisos". Carol Álvarez lo compró por 8.500 euros y ahora está a punto de venderlo por 150.000 euros que le darán la entrada para un habitáculo "decente". En los dos años en que ha estado lo que más lamenta es no haber podido aumentar su biblioteca.
Su valor multiplicado por ocho.
José Luis Hernández adquirió su piso de 30 metros hace 20 años. Le costó 24.000 euros y su valor ahora es de 210.000. Vive con su mujer y admite sonriendo que intentan no enfadarse mucho "porque no tienes dónde esconderte". Lo peor es no poder poner aire acondicionado o tender la ropa por falta de espacio.
26 metros por 800 euros al mes.
Adriana y Rodolfo viven en un estudio de 26 metros cuadrados en el barrio de Salamanca (Madrid). El matrimonio, de 30 años, recién llegado de México, nunca había visto un piso tan pequeño. Lo escogieron porque está en un edificio remodelado, tiene calefacción central, aire acondicionado y dos balcones. A lo que se ve en la foto hay que añadir el cuarto de baño, con ducha. Pagan 800 euros de alquiler, llevan tres meses allí y prevén estar un año, mientras él hace un máster. "Nadie aguantaría más de dos años", dice Adriana. Alquilaron el piso amueblado, aunque compraron la cama elevada para ganar espacio: "Ahora tenemos habitación arriba y salón con sofácama abajo". En la primera planta del bloque hay dos lavadoras y una secadora que comparten todos los vecinos.